Los grandes tintos de Rioja y la Ribera del Duero han convertido a esta variedad en el emblema de la viticultura española en el mundo.
Tiene una magnífica capacidad para producir vinos de perfil muy fino y elegante, de exuberantes aromas frutales en su juventud y con compleja expresión de especias, cueros y minerales cuando llegan a la madurez.
Aunque sin duda la característica más noble de la tempranillo es su envidiado equilibrio, en el que acidez, tanicidad, alcohol y potencia conviven en perfecta armonía.
2. Tinta de toro
La controversia respecto a la identidad de la tinta de Toro parece no tener fin.
Algunos expertos aseguran que es un clon de la tempranillo, adaptado a los suelos pedregosos y el clima extremo –con picos de frío y calor y escasas lluvias– de la comarca de Toro. Otros se escudan en referencias históricas –e incluso literarias– para demostrar que esta tinta es única y auténticamente zamorana desde tiempos inmemoriales. En cualquier caso, la discusión no le quita méritos.
Es una uva de extraordinario carácter, capaz de dar a luz tintos tan negros como la misma noche, potentes y plenos de aromas de fruta roja madura, que no dejan a nadie indiferente.